Crónicas del goce de la naturaleza desde Morella y hasta donde haga falta.

La Vieja Tronca no Existe

Decía aquí que me parecía deberle dos entradas al blog, saldando así la primera, la presente sa la segunda, si bien me temo que esta es para dar a conocer una mala noticia: La Vieja Tronca no existe.  Finalmente he conseguido desenmarañar las hebras de este malentendido, y por encima del orgullo y la satisfacción que al investigador aporta siempre un hallazgo tan complejo, siento un profundo disgusto. Lo siento mucho, por todos los bikers buenos, y aún antes que por nadie por mí mismo. Conocimiento que no aporta satisfacción, podíamos llamar a esto la paradoja de los Reyes Magos.

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Pero me explicaré. En una entrada anterior expuse mis aproximaciones a esta cuestión compleja y esquiva de la Vieja Tronca. No había encontrado más que vagos atisbos, nada sólido, aunque, debo reconocer, todo muy ilusionante. El caso es que la dirección de esta corriente de de indicios apuntó a Morella, más concretamente mis pesquisas me hicieron pensar que podía darse una importante manifestación del fenómeno en el remoto Monte de Pereroles. Y allí me trasladé para  hacer mis indagaciones, pertrechado con todo mi sofisticado instrumental de investigación, (bici, casco, mochila, cámara de fotos, un par de mudas, Almax, …).

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Desde primera hora todo fue encauzándose según mis más optimistas hipótesis, enumero a continuación las evidencias que fui encontrando: Conformaban un grupo de hombres asombrosamente heterogéneo en procedencias, perfiles y niveles, pero todos amantes del mtb genuino, por supuesto por sendas, se observaba una cohesión grupal elástica al tiempo que sólida, amalgamada mediante una férrea camaradería. Se apreciaba una configuración de las relaciones de poder  absolutamente plana, ausente de cualquier tipo de jerarquía. Consecuencia de todo ello se constataba el sentimiento unánime de, independientemente de la capacidad de cada cual, estar haciendo exactamente lo que quería hacer, con quien quería hacerlo, donde quería hacerlo. Otras características que compartían podrían ser un evidente desdén por los elementos capilares del aseo personal, (en alguna barba podrían anidar las golondrinas), escaso o incluso nulo postureo, desprecio por el uso de etiquetas de moda aplicadas a sus viejas costumbres. Reunidos tras la jornada todo lo impregnaba el aroma de leña, que se fue mezclando con el aroma butifarriano, ni sombra de estrés, mucha cerveza, más cerveza, los mejores manjares de remotas tierras, de la Loma cítricos de óptima calidad, algunos líquidos peligrosamente tóxicos, conversaciones ininteligibles para no iniciados alrededor de hierros y trastos electrónicos, ingentes fortunas en forma de frutos secos cambiando de manos en timbas de póquer a cara de perro, esos mismos frutos secos manoseados en el desayuno del día siguiente, … todo encajaba, parecía que había encontrado la Vieja Tronca.

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Pero no, pese a todas estas evidencias, al final no pudo ser, porque la Vieja Tronca no existe. ¿Qué me hizo llegar a esta conclusión? Sencillamente el testimonio de la principal autoridad religiosa presente en aquella conjura. Gracias a mis estudios de antropológica, pude aislar este importante rol en la compleja trama de relaciones aparentemente desestructuradas y ausentes de jerarquía en la manada. No era en absoluto evidente, pero conseguí percatarme de su existencia al observar sutiles pautas en la interacción de los individuos, cómo la frecuencia y sonoridad de las ventosidades que aquel espécimen expelía en los asuetos campestres, y la naturalidad insospechada con la que el resto de concurrentes reaccionaba ante tan extravagante manifestación misticismo. Otra prueba, aún más sutil, fue el hecho de que el resto de sujetos de estudio se dirigirán a él como “El Párroco”. Sobre la etérea nube que, como de alguna forma queda dicho, era capaz de producir habló de esta forma: “La Vieja Tronca no existe”, y lo que dice El Párroco va a misa. Una pena, porque, para no existir, nos lo pasamos muy bien.

P.D. Se echó de menos algún fotógrafo cualificado, que los hay en el grupo, pero o no vinieron o no ejercieron, habrá que conformarse con las fotos que hice yo mismo.

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2 comentarios

  1. Natxo

    Que grande compañero,como me alegro conocer a tan singular personaje, un abrazo de uno que se fue con una bonita huella marcada.Un placer conoceros a los 2 tenéis una magia particular,como cada uno de los que estuvimos allí.Por un mismo sentir y disfrute de esto de la bicicleta y la naturaleza.Un abrazo PABLO & ALBERTO

    diciembre 31, 2014 en 3:55 pm

    • Hasta cuando quieras Natxo, ha sido un placer conocerte en persona, espero que pronto podamos disfrutar de nuevo de nuestra pasión por el mtb juntos. Un abrazo.

      enero 4, 2015 en 4:07 pm

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